AGUAS DULCES

Sabor a ojos,
a rioja que se desliza
por la garganta.

Vaivén de mareas las manos
que untan gemidos en la piel.
Lento abrazo en las carnes indefensas;
más allá de lo sublime
el perfume herido de la rosa
abriéndose en tus labios
para deshojarse en tu viril acento,
y entonarnos remansos de aguas dulces:
desde el sexo hasta la noche. 
 
 
Issa Martínez

 

 

 

Volver a Poemas 2004

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