AHOGO

Un mundo maldito
coagula en el nicho de mis arterias.
Ovillada la figura
en el umbral de la orquídea negra
que parasita su sed
en las distancias tan fecundas de mi llanto.
Duermo día a día
con la más cierta de las soledades,
imposibilitada para contener una más
en el yermo de mi pulso.
No más amores de inexistentes
manos, ni más pasiones
que alumbran entrañas
tras paridos desencuentros.
Pernocto en su amparo
desde eternidades inicuas
que se transparentan en mi piel.

 

Issa Martínez

 

 


 

 

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