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Me quedo, me abrazo a la mágica añoranza en donde te ocultas. Te llevo en mi intuición siempre cierta y constante, la que nada pretende y nada pide.
Sólo un sortilegio: el de tu voz sembrando mis caminos con el tranquilo sosiego de tus versos que me devuelven la calma, a veces, la cordura.
Tan sólo la luna atestigua un minuto de vez en vez, un instante que se extravía como imaginado, como espejismo o locura dulce, que aún sin desearlo, se instala en el corazón y acaricia sin permiso la piel.
Algunas veces nos preña el aroma de la soledad para fundirnos en un mismo horizonte de clandestinos e innovadores matices que, nadie puede descubrir, porque se desvanecen de tan breves como son.
Issa Martínez
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