CABALLERO ANDANTE

 

  

 

 En el ángulo cercado por los desmayos de lo inimaginable, me esperabas.

 Amándote en el yermo de mis soledades grises, en la inmensidad del mar que nos extravía, mensajero

 ferviente  de  mis  besos  aromados de  suspiros;  de  mi  llanto ventricular, mórbido de tu abandono,  

 agotado  por  tu materia transparente, herida con su luminosidad, irradiantes de tristezas mis pupilas

 ensangrentadas.

 

 Ignorante de hallarme en los umbrales de tus ternuras, ayunaban mis mañanas de tus besos, negándole

 a mi oído los murmullos  entregados en los sortilegios de tu voz, copla de las horas de tus insomnios,

 que yo atrapaba sin saberlo.

 

 Y las noches…

 

 Las  noches  tan  profundas, infinitos éteres oscurecidos, abismos sin esperanza en el desahucio de mi

 ser, al  no poder  sentir  tus  brazos.  Mi  cuerpo desgarrado, marioneta sin hilos, estrangulado por el

 deseo que huye, que desvanece el latir de mi alma  en  umbrías: fue un sueño dulce amor, tinieblas de

 las  que redimiste mi sombra con tu presencia;  caballero andante… abrázame, quiero diluirme en tus

 ojos  mediterráneos, reflejo de luna licuada, seducción de tu carne y mi carne…, preludio sempiterno,

 vertiente unísono de amor y éxtasis.

 

                                                                       

                                                                                                     Issa Martínez

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