CEMENTERIO DE RUBÍES


Emergen en cada suspiro del mar, mirlo y oropéndola remontan las olas para suspenderse en la tibieza del halito marino, que recibe el intrínseco azul de sus alas, donde hilvanan utopías.
Exhaustos de amor sobrevuelan en descenso vertical hacia el útero salino que les acoge, y en donde adormecen sus párpados posándolos sobre los corales en rama.
El crepúsculo rasga la claridad de las aguas para hacer más cálido su refugio. Una y otra vez, confluyen hacia la brisa libadora de sus caricias con sabor a ámbar.
La naturaleza converge en el pulso de dos seres que se aman, y el océano, es un cementerio de rubíes
donde se cristalizaron sus besos.
 
 
Issa Martínez

 

 

Volver a Poemas 2004

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