Dime que sí,
que sentiste la caricia tímida de mi mirada y que puedes descubrirme
en las huellas goteadas de mis amanecidas. Dime que me encontraste
acurrucada entre las incertidumbres y nieblas de tus días más
grises, cuando creí que me necesitabas.
Descongela
con un beso al viento mis temores, esos que están cuajados en la
albura de mi silencio, que como luna llena, percibes en el llanto de
la dehesa.
Dime que sí,
que me sabes y que me has respirado en los ponientes color
crepúsculo, cuando he intentado ser sosiego de las lágrimas de tus
otoños desnudos, casi lindantes, con los inviernos habitados en tu
piel. Dime que me encontraste en el papiro entintado de versos que
parió mi carne.
Dime que
siempre supiste que era yo…que sembré mi rosa en tierra fértil, y
que estás acunando entre tus manos, mis pétalos taciturnos de
colores imposibles, dime que estás…
(El mar
responde entre silenciosas pleamares que tan sólo me obsequian con
su presencia, y entrecierra los párpados, para que no pueda escuchar
ni sus pupilas.)
Issa Martínez