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DESDE QUE TÚ TE HAS IDO
Un suspiro se impregna de la luz
falsa, mortecina araña que fluctúa
en mis pupilas, habitáculo o cauce de tu ausencia.
Sienes desolladas y aleros rotos
donde antaño susurraban su vuelo dos cuerpos,
allí, en el friso lóbrego en el que cuelga el bandullo
redondo del azogue, nido de armónicos mirlos
y unísonas prolongaciones de ternura.
Álgidos lamentos los de las rosas
que desfallecen en el alma, en el jadeo
estrangulado por la espera que no se cumple,
sitio que ciñe los pulsos,
hasta lograr coágulos infinitamente blancos.
Issa Martínez
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