DESDE QUE TÚ TE HAS IDO


Un suspiro se impregna de la luz falsa, mortecina araña que fluctúa en mis pupilas, habitáculo o cauce de tu ausencia.  Sienes desolladas y aleros rotos donde antaño susurraban su vuelo dos cuerpos, allí, en el friso lóbrego en el que cuelga el bandullo redondo del azogue, nido de armónicos mirlos y unísonas prolongaciones de ternura. 
Álgidos lamentos los de las rosas que desfallecen en el alma, en el jadeo estrangulado por la espera que no se cumple, sitio que ciñe los pulsos, hasta lograr coágulos infinitamente blancos.
 
 
Issa Martínez

 

 

Volver a Poemas 2004

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