EL ANARQUISTA DE LA CASTELLANA O UN CUENTO VERDADERO

 

 

 

 

Era una acuarela con todos los matices íntimos de la lluvia. Había silencios y versos desperdigándose en la humedad del asfalto. Yo le miraba  delante de mis pupilas y le sentía detrás de mi espalda. No existía más sol o luz en el paisaje urbano, que la que orquestaban aquellos latidos a todo lo largo de la Castellana, donde varios pares de huellas, horadaron el pavimento con una amalgama  de sueños y llovizna.

El hombre de la barba ahora adelantaba sus pasos, ahora los retrazaba; en algún instante los acomodó a mi lado y a mi ritmo.

Entonces pude ver todas las lunas que han vertido su llanto en esa mirada de estrellas líquidas. ¿Han visto un anarquista cosechando sueños en plena Castellana?

Ya entonces preparaba la simiente para la cosecha próxima. Cómplice y sutil se le regalaba el clima y, varios pares de pies, apisonaban las semillas con el polvo de constelaciones que provenía de sus zapatos. Antes de volver a casa: me obsequió un puñado de versos en azul profundo.

 

                                                                                                                                                           Issa Martínez

 

 

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