EDREDÓN DE MADRUGADAS

 

 

 

Acurrucas su aroma de mujer en tus manos y en tu regazo, el fogón arde y templa  anhelos equidistantes. El cielo deja romper sus nubes de realidades que no te impregnan, que escurren por la ventana sin lograr apartarte de la paz de tu encuentro. Un torrente de silencios cierra tus párpados mientras el último rayo de sol se agota, todo queda en sombras, que, como lienzos, duermen en las paredes mientras las horas se consumen.

 

Ella te arropa con el edredón de mullidas madrugadas, en tanto que la totalidad de su cuerpo se convierte en un beso, justo antes de desvanecerse.

 

 

 

                                                                                                                                                      Issa Martínez

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