EL HIJO NUESTRO

 Se encuentra en el viento
 acariciando mi rostro con su sonrisa.
 Es el travieso que no habitó
 tu simiente dentro de mis entrañas.

 Ausencia que me devasta en donde 
 las rabias se tornan condena, 
 inconcretado anhelo que permanece
 en sus pequeñas pupilas que pudieron ser tuyas.

 Sus pálpitos se asoman
 desde su útero celeste cobijado en nubes,
 lleva impregnada en su mirada mi tristeza.

 Hoy encontré un rizo color crepúsculo 
 de su pelo entre los pétalos de las rosas,
 y ayer, una manita regordeta manchó
 las paredes de mis sienes.

 Y yo lo percibo, lo descubro hasta casi tocarlo,
 escucho su llanto en las madrugadas de olas y mares
 que te regresan a mi memoria, en esta soledad de doble eco
 que me deja la negación de tus brazos y su diminuto beso en mi rostro. 

 (Y mi seno maternal, se deshace en el vacío que les convoca.)
 
 
 Issa Martínez

 

 

Volver a Poemas 2004

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