El jardín está triste

 

 

 

No ha dormido el abeto tormentas clandestinas: insomnios de luna vieja revolotean por los tejados arbóreos agazapando el miedo.

 

Cosquillas que se quebraron en las alboradas solitarias del papel sin letras, olvidos que se tornaron voces de rabia, pasados que se fueron deslabazando en una procesión de egos superpuestos, pieles que se agrietaron en la impotencia del despego.

 

El jardín está triste y vergonzoso. Apenas unas gazanias perviven al azote de los hielos tardíos. Se mustiaron las azaleas y las dalias, y el jazminero perdió su olor picante e íntimo.

Brota de la tierra un olor a sangre chamuscada en los vientos doloridos de los caminos sin besos: ni siquiera las camelias aguantaron la sombra de la duda hostil, que avanzó correosa entre las grietas de los labios antiguos.

 

Ya no madruga la madrugada.

Ya no se mecen las manos en los espejos del tiempo.

Ya no repican suspiros de sueños nuevos para alambicar futuros.

 

Ya no: el jardín llora petunias ajadas.

 

(Y la primavera tiene hambre de ausencias de mar y sexo)

 

       Luis E. Prieto (España)

 

 

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