EN LA DESERCIÓN DE TU REPROCHE
Se dice adiós sin voz,
y
nieva sal -lágrimas antiguas-
que no consiguen diluirse en la sangre.
Sé que no hay ojos
que lloren por el silencio muerto
ni manos que se queden vacías.
Se dice adiós en el lenguaje
de los pájaros sin garganta,
y
en la palabra lírica del aire, débil ya,
de su codicia por pintar madrugadas en espera.
Se dice adiós con el temblor de los pasos
del miedo, con el transitar vencido de mis lunas
sobre la ausencia de tu palabra,
y
porque quiere ya morir, esta soledad
con la que se conjuga la luz de los verbos.
Desde donde esta voz callada se destruye
el adiós nace para no ser advertido
ni por la huida sigilosa de tus evocaciones;
por eso, sacrificaré mis lágrimas, una a una,
en la deserción de tu reproche.
Issa Martínez