EL MAR QUE ME RETRASA


Más allá de las madrugadas de crudos abrigos desprovistos de nuestros besos, mi sombra desolada remonta los ponientes sin luz. No alcanza a llegar a ti, se suspende en las horas estáticas, en el lapso desangrado en las manos nuestras, manos vacías de tanto necesitarnos y no encontrar eco en la perversidad del tiempo. La luna no reverbera en tu cuerpo ni en el mío, tan sólo las tinieblas de mi mente acicateada te invocan desde los abismos de mi locura. Mi vientre se duele en los adagios de los albores que me anuncian un día más. Veinticuatro lágrimas, una por cada hora para acrecentar los caudales de ese mar imperturbable, que insiste en cristalizarse y amurallar nuestro abrazo. Impedida estoy para cruzar esa inmensidad que me arrebata de tu carne.
 
 
Issa Martínez
 


 

 

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