Natura, es la madre de todos los bosques y los animales. Siempre va vestida de colores y sonrisas. Pero, a veces, Natura se engalana en blanco y negro.
¿La has visto con su abrigo de piel de noches y lunas?
Cuando así sucede, acompaña su vestimenta con festines de bambú. Es delicioso poder distinguir entre los verdes de la montaña, ese montón de pelusas bicolor que usa sus anteojos oscuros para el sol. Cuando te deleitas con su imagen, nunca piensas que antes de llegar a ese tamaño y lucir su afelpada figura, era una especie de gusano rosado intentando llegar al mitón cálido que siempre lleva consigo su madre.
Natura tiene la cualidad de ser madre o hija, para lograrlo, sólo necesita del amor, el agua, el viento y dejarse acariciar por los dedos del sol.
Me gusta mirarla por las tardes, cuando absorbe entre los ocres de sus montañas las luces de fuego, y cuando agradecida, sonríe a la lluvia con sus flores de colores vivos. Pero gozo especialmente, cuando se disfraza de ese oso de peluche níveo y oscuro, que todos los niños y uno que otro adulto, quisieran tener para poder abrazar mientras duermen.
Issa Martínez
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