ENTONCES SUPE
Todos los páramos sin crepúsculos
abrazaron mis sienes,
no hubo perfumes de sensibles presencias
que acunaran mis íntimos matices.
En los márgenes de mis propios precipicios
asomé mis pupilas desnudas
para encontrarte existiendo en la realidad de las voces
de cada uno de mis días en gris.
La presencia de los verbos sin voz,
de las miradas que no ven
más allá de su entorno,
me regalaron sólo perfiles,
ególatras diástoles-sístoles preocupadas
en sus narcisistas movimientos.
Entonces comprendí
la ignorancia que late en los reclamos;
tal vez entonces, se me reveló
el egoísmo en noveles facetas
de desconocidas sinfonías.
(Supe que la soledad es compañera de indeleble percepción:
desde ese primer rayo de luz, hasta el abrazo profundo
que revierte las esencias a los ocres fundamentales de la tierra)
Issa Martínez