ESPERANDO
LA LUZ
Miasmas
oscuros donde las madrugadas se desunen,
horas que
se reducen infértiles en las entrañas
pródigas
de insomnio.
La
soledad es un arco de aire acristalado
a punto
del quiebre, aprisionado entre los dientes
de la
oscuridad sin sombras.
La tierra
está rendida sobre sí misma:
indomeñada la ausencia de su eco,
sus uñas
llenas de escarbados abismos
donde la
muerte es diosa
adorada por la espera…
En el
instante en el que se rebela la savia de la noche,
se puede
ver el temblor de las manos de una mujer
que se
busca en el sigilo que no quiere más surcos.
Una
ráfaga de melancólica lluvia
le va
enjuagando el sexo para redimirla al lado del silencio:
A la
mujer
a
la mujer madre
a la mujer madre-hembra
a la mujer madre-hembra-luz.
Yo la vi
cuando Montparnasse le caminaba por la piel,
goteando
sus orgasmos en clepsidras, pétalo a pétalo…
Tan agua
y
flor.