EL ÚLTIMO SILENCIO

 

Y volví

y busqué el acorde de mi último silencio:

yacía herido y sediento en una esquina de la noche,

justo donde se sueñan las flores muertas

y se hacen infinitas las distancias.

 

Le abracé con el arrullo del viento

y lo prendí a mi seno para amamantarle

de pura noche,/

pero muchos amaneceres

le habían herido de soledades profundas.

 

Sacié su sed de moribundo

con mis lágrimas,

en su pecho puse una luciérnaga

para alumbrarle el camino,

y antes de morir, le prometí

un verso, ¿pero cómo?

 

Si sus matices ya no están,

mis palabras no pueden retener lo inexistente…

 

Issa Martínez

 

Volver a Poemas 2008

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