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Estoy sacando todos mis recuerdos de entre tus palabras, tus sonrisas y tus tristezas, y, lo cierto, es que no me caben en las manos. Mira, las estrellas parecen asteriscos que aún brillan y me guiñan un ojo, somos cómplices, sí.
Tengo cuentos que dejan un dulce sabor a magia en mi boca y voces, muchas voces que repiquetean verbos de cariño. Poseo también madrugadas color melancolía y melancolías con olor a madrugada.
Sueños y silencios aún respiran en mis palmas, pero tienen lágrimas contenidas en sus pupilas y un sutil gesto de resignación. El unicornio está triste y las luciérnagas brillan con un matiz más opaco que su antiguo tono refulgente, mientras, entre los dedos, se me escapan un montón de besos que nunca había cuantificado.
Verás, parecen pequeñas cosas que no ocupan espacio alguno pero, la realidad, es que están vivos y algunos han rodado hasta el verde de la hierba que acaricia mis pies, tal vez no debí sacarlos en desbandada, pero tenía tantos deseos de verlos todos juntos, espero que los que han caído no se extravíen.
Ahora está zozobrando un suspiro, es el mío, nunca me había percatado de que los suspiros tiritan. No, no, me daré prisa en alzar todos los recuerdos que se me han caído y los guardaré donde nadie los pueda alcanzar.
Les haré un nicho con todas las espumas marinas que sea lo suficientemente grande para contenerlos, o tal vez sería mejor dejarlos entre las nubes, para que me lluevan y empapen mis horas de nostalgia.
Pero te confieso una cosa, los versos, los dejaré libres, no quiero verlos como se pudren de dolor, después de todo, fuiste tú quien me enseñó a parirlos con alas. Los dejaré que vuelen, que vuelen en total libertad. Tal vez algún día, alguno se pose en el alfeizar de tu ventana. Sé que lo reconocerás y le darás sorbitos de ternura si acaso tiene sed, lo sé…
Issa Martínez
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