Habla mi Poesía...
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Pintura de Fernando Ureña Rib
Y entonces los silencios… …llegan, abruptamente despacio, para huir de mis labios hacia tu boca… Es cuando se baten los tonos del atardecer con el acorde lastimero de un blues. Y entonces los silencios…son las palabras del agua que, desde mi flor abierta y tierna, abraza tu virilidad; y mis senos invidentes que te buscan llamándote en brayle, y que lo mismo les da, si es de noche o de día…
Y entonces… …entonces los silencios… se impregnan y se hacen sinfonía de recuerdos en los ojos, y sus bemoles hacen más transparentes y dulces mis lágrimas: tantas, como tantas memorias parpadeen en las entrañas y en la piel. Podría ser el murmullo de las bocas de mis hijos prendidas a mis pechos, o el dolor de mi carne abierta haciendo eco de vida en mis oídos. Así, así los silencios…
Así como el camino por donde no pasaron mis huellas, o el sendero que llora por tenerlas. Acaso el virgo desgarrado entre falacias que, ocultamente, quiso ser princesa, y, sin serlo, hoy luce sencillamente digno en su esencia de hembra. Es tan fuerte esta voz del silencio que se hace verbo y tiempo conjugado en afonías de mar y madrugada, y que se pronuncia, letra a letra, en la musicalidad de los espacios blancos de los versos.
…Y entonces el silencio… …entonces la incipiencia de las canas se diluye en los veranos que aún arden en mi sangre; porque arde el amor también a solas, también cuando la savia de otros pulsos se derrama y los desiertos siguen siendo infértiles: porque el silencio existe en las pupilas mudas de miedo, cuyos iris son del color de la muerte…
Sí, los silencios, a veces, son tan rojos que: vuelven a ser tono de los atardeceres que acompañan el requinto desgarrador del aire que penetra en los pulmones. Es entonces cuando empiezo a romperme en pedazos de silencio sin fe. ¿Y si el silencio fuera Dios? ¿Y si la fe se nombrara hombre?
Tengo, y me poseen, silencios que suenan tanto que hacen enmudecer los gritos. Y éste, éste es mi silencio íntimo: en el que me perdono y renazco de entre mis errores y miedos, tan rústicamente humana entre ecos de sollozos y lágrimas frescas. Acaso mis silencios pudieran hallarse con los tuyos…
Soy silencio que cede todos sus matices y medios tonos a la noche, noche que se hace mujer, mujer que te promete aromas de flor de luna o incienso de madrugada triste…
De soledades: soy el silencio, y voz, y manos, que se fraguan, porque las distancias se persiguen para acompañarse.
Issa Martínez
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