LA FLOR QUE NO MUERE DE SED

 

Fue el silencio el deseo de la sangre:

quedan desnudos y trémulos

los últimos besos que tus ojos despeñan.

La culpa de la promesa nunca requerida

gime vergüenzas tardías e inservibles…

 

¿De qué se viste la esencia estocada a muerte?

¿De prostituta que no muere de amor,

de bella durmiente adormecida con el brebaje de sus dolores;

de quinceañera inmaduramente barata,

o de mujer-madrugada que ya no juega a ser princesa…?

 

Una flor sin resentimiento sacia su sed con su propio llanto,

teñidos los pétalos de la sombra de la nada: entre las manos, su

                                              noche desnuda de silencios.../

 

Issa Martínez

 

 

Volver a Poemas 2006

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