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LA FLOR QUE NO MUERE DE SED
Fue el silencio el deseo de la sangre: quedan desnudos y trémulos los últimos besos que tus ojos despeñan. La culpa de la promesa nunca requerida gime vergüenzas tardías e inservibles…
¿De qué se viste la esencia estocada a muerte? ¿De prostituta que no muere de amor, de bella durmiente adormecida con el brebaje de sus dolores; de quinceañera inmaduramente barata, o de mujer-madrugada que ya no juega a ser princesa…?
Una flor sin resentimiento sacia su sed con su propio llanto, teñidos los pétalos de la sombra de la nada: entre las manos, su noche desnuda de silencios.../ Issa Martínez
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