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LA MUJER DE LA LUNA
Infinitamente distante,
confinada en tus silencios argentas que sólo yo escucho.
Nostalgia de madrugada eterna
para hacer confluir mi mirada en vertical ascenso
hacia tu lecho de sombras incendiadas de constelaciones.
Puñales de luz solar hiriendo mis sienes
y latidos en las mañanas, cuando empiezo a agonizar
con el canto del gallo que me advierte de tu huída.
Soy llanto de día, arco iris que fragmenta la celeste cúpula
de tu ausencia, páramo anhelante de tus matices de luna, carne
añorante de insomnio noctívago.
A la espera de las primeras sombras
que me anuncian tu llegada, se recuesta mi cansancio
permanente de tanto dar tiempo al tiempo.
Aguardando que la noche reverbere de estrellas
para saberte sonrisas o repudiando su deserción
que me habla de tus tristezas, que me sacuden,
con esa verdad que me presagia: la imposibilidad de poderte acunar
en mi regazo.
(Esencia que aroma de penumbras mis soledades,
tanto he deseado alcanzarte, que pronto seré: perennemente madrugada.)
Issa Martínez
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