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LA PUREZA DE LAS
CLEPSIDRAS
Piélagos, negritudes insondables para el sol o la luna; inviernos prematuros en los que hasta la sangre inverna.
Cielos de orquídeas negras desglosadas en las sienes; eternas noches en las que titila la muerte en el temor de los labios/ y en las flores decapitadas de los azahares que olvidaron su perfume.
Están atadas las manos y los pies con sogas de luz matutina, la oscuridad que anida en la cabeza descansa en el regazo... como en un péndulo se agrieta la carne insensible de las horas.
El resplandor de alguna lágrima le recuerda su existencia cuando surca su rostro en tránsfugas de infinita noche. (En la pureza de las clepsidras se ahoga el tiempo...)
Issa
Martínez
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