Le ato las alas con cuidado pero firmemente. Sus ojillos de color estrella me miran interrogantes cuando mi única lágrima derramada, atrapa su sonrisa ingenua. Se agita en mis palmas, como si fuera un ave dando saltitos con las alas inmóviles, con la pequeña cabeza ladeada vuelve a sonreírme.
En silencio, me cuestiona una vez más, como preguntándome por qué le hago eso…y yo, tengo que acariciarlo con mis silencios más íntimos para que me comprenda. -Todos mis anhelos quedan apresados en su única lágrima…-
Issa Martínez
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