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LA VIUDA
Mercurio goteante en un reloj de embudo
como gotas de luna sin noche;
melodía de piano en teclas negras,
ausencias que hieren el vientre y abortan el
olvido.
Rocíos de plata
sobre rosas de fuego que rasgan sienes;
sin prólogos de labios languidecen los
pezones
y se enredan las lágrimas entre los rizos
del pubis.
El ritual de la soledad
se hace libación entre el sexo,
y el miembro erecto del difunto
va latiendo en las falanges.
Desmayada en las baldosas
la seda oscura y triste,
sobre el lecho, el duelo de la carne
sublimado de añoranza...
Issa
Martínez
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