MUJER FUNDIDA
En plano
inclinado ascienden los murmullos entre los párpados,
hacia el
sol, hacia los borbotones rosados de las nubes;
es la piel,
como dermis con alas o tránsfuga del pulso,
pálpitos tibios que se acurrucan entre las voces
saladas del aire.
Todo se mira con la boca, con el olfato y el oído,
casi una liturgia en la fe de las uñas;
se mecen los cabellos en valses de brisa
y cantos marinos que huelen a profecía.
Deja la carne de pertenecerse,
ya es uva de mar o flamboyán por huracán inflorecido,
siempre susurro rebelde, sabor que apresa la propia
esencia,
frases que dialogan en las paredes del viento.
La intimidad del ser se torna en agua,
en agua el lenguaje de la intemperie:
cielo, aire y mujer, son estampa;
marina de vida, latidos que incandescen bajo el sol
de la tarde,
del paciente matiz vespertino que ulula y rodea,
a esta hoja
de té que significa mi nombre.