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Te escucha en la perfección del silencio donde los latidos se acuestan para sentirte.
En la albura del papel oscila la voz que no quiere ser oída, entre los deseos de un abrazo y la conjunción de los labios, -perpetuo anhelo-.
Se vuelve, su espalda se enfrenta al murmullo ya lejano en su propia esencia, a la señal que su propia piel conoce, al espejismo indeleble que sus sienes guardan sin comprender. Y se calla, se guarda más allá de la afonía misma, donde tiene que conformarse con su intención a veces traidora o dulce, a veces tangible.
No la nombres con lo que no quiere ser, mantenla viva en tu último rincón justo donde le gusta intuirse, donde te ama, donde se esconde…
Precisamente allí, en ese espacio mínimo en el que tú la sabes cierta.
Issa Martínez
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