Abrazar a la noche, trasfundirle el temblor del silencio dolorido… y amamantar sus temores para salvar la incertidumbre…
Ojos a ojos rematando distancias, labios a labios salvando la renuncia de cualquier ocaso, manos a manos acunando la promesa que no ha de arrancar la muerte.
Abrazar a la noche herida hasta dejarle una cicatriz de besos azules sobre su mano trémula, y bálsamos de menta a su soledad, y sobre las sienes el aroma acariciante del jazmín.
Abrazar a la noche para apresarla, para impedir que se aleje, para murmurarle al oído que ya estoy siendo la sal de su llanto.
Issa Martínez
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