OSADA NOCHE

Listones de mercurio parpadeantes
se ocultan entre la ingenuidad de las nubes;
luna mordida, luna incompleta,
resplandor de magias y noches,
noches insomnes en la tregua de la savia,
sangre diluida en calmas profundas,
en brisas de mar que aletean en los cabellos;
cabellos que sueñan sin prisas y se descalzan sobre las sienes,
sobre los senos que palpitan perdones de la boca perdida.

¿Te acuerdas de mí?

En mi yo te arropas sin descanso al compás de mis insomnios,
de esta paz fructífera que reverbera en mis ingles:
ingles como puertas abiertas en la espera que rumora el viento,
viento nocturno, de noche sin réplica que acaricia el pasado.

Las palmeras me hablan, mecen mis ojos
con sus voces, con sus sílabas que lloran felices;
entonces su llanto me penetra, me anda por la piel
y se hace eco en el pulso, y en las manos y en los brazos.

Todo es noche, yo soy noche, y tú,
y tu abrazo descansado en mi perfil
como círculo de ternuras, y agua,
donde bebe la sed de mis recuerdos para ti y hacia ti,
como hoy, como mañana, como lo que no será nunca
y sin embargo fue, y mañana y ayer es lo mismo,
porque es hoy y ahora: este instante, este momento
en que soy tuya: como cascada a las piedras
o pájaro que vuela en mi aliento, en mi respiro que se suspende
sobre tus labios, sobre tu boca que se amamanta de mi luna mordida;
de mi mirada que se come a la noche, esta noche que me viste
y alimenta para que mis memorias se hagan noche; profunda noche
que te ampara como madre y amante; y como alas que se baten entre
nubes, me alcanzas, me desnudas con tu ausencia, con tu no estar
que me penetra el sexo, y entonces, entonces me diluyo
en un orgasmo de distancias.

Aún la noche se vuelve osada, -incrédula y altanera- me inquiere,
Yo solo le respondo que si…

Issa Martínez

 

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