PROFECÍAS PLASMADAS
 
La voz del destino habló llanto 
y albergó caricias en el silencio
de las sombras.
 
Poco queda por alcanzar,
cuando tácitamente: se perciben
latidos, carne, hálitos y dolores;
cuando se huele la tristeza,
y el cariño es un clamor que no se ve
ni se toca, pero se descubre cierto.
 
Los augurios acurrucan sienes en quietud 
dejando imperceptibles murmullos;
que al paso de las horas, se van haciendo eco,
sonido dilatado que incuba las verdades
en la esencia tan amada, y en donde a pesar de todo,
el miedo a ser feliz, es un estilete 
vadeando la escasa concavidad del pulso.
 
Issa Martínez

 

 
 

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