Repongo
el
calafateo de tu cintura
con
ajorcas de cristal y cuarzo.
Ahora
que
los payasos han dejado de llorar
penurias de algodón
y nubes.
He
de medir
los
pentagramas que me recuerdan
el
olor ácido
del jengibre,
tu
sexo profundo,
la melancolía
de
tus palabras
con
sabor a pan y a misterios.
Y
cuando lleguen
los
parásitos de la noche,
cuando la luz
se
disipe en la distancia,
saber
de
orgasmos vacíos
o reprimir la voz
para acallar el llanto sutil
de
las mariposas perdidas...

Luis E. Prieto (España)