RUTINA LÍRICA

A destajo voy intentado
atrapar las mariposas muertas de cada día.
Tienen rostro de manecillas la persecución de los demonios,
y de las manos les sangran rutinas incapaces de insurrecciones.
A destajo inmolo sueños
sobre el contrapunto silencioso de los amaneceres;
de sirena me quedan los pechos roídos
por la lascivia del jefe en turno,
y el candor de los quince años,
muere día a día entre las piernas del mejor postor,
y el hambre de cuatro bocas de mis descuidos sentimentales.

Del lecho vacío, sólo la sombra abre los ojos, mientras la
carne,
                                   nido de lunas muertas,/
descobijada de la albura solitaria de las sábanas,
baña los fracasos con afeites líquidos aromados de sandía,
                                          y los cabellos,/
bondadosamente fieles en su color, al transcurrir de las horas,
se refrescan en el shampoo prometéico, de melena de actriz de cine.

Poco importa el sacrificio insomne de las pestañas resecas
                                   entre residuos de sal:/
los dientes esperan su turno
de químicos blanqueadores y el frescor del enjuague bucal,
y su fracasado intento de diluir, el sabor amargo de la bilis.

El espejo  atrapa con su rostro hipócrita, mi disfraz
                           de perfección y decencia,/
y a destajo;
mis pies devoran el asfalto, en un intento de alcanzar
                   la impaciencia diaria del autobús./

 

 

 

Issa Martínez

 

 

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