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SEPULCRO ENTRE LABERINTOS
He de dejar suspendidas las palabras de las rosas bajo la tierra por donde las huellas se hicieron sueños, he de guardar el tiempo cuyos segundos conquistaron los besos de las olas, la soledad infinita de los amaneceres, el murmullo perezoso de los otoños en umbrías: en el latido perfecto con el que los rescoldos reviven en la sangre.
Ahí, donde soy sola para los ponientes vespertinos que van muriendo en tus pupilas, queda acogida mi menstruación de espacios en blanco para que los reescribas; porque ya he desahuciado los silencios que en mi piel fueron la voz de las manos, y en los ojos, incienso con aroma a distancia indócil./
He perseguido el movimiento del aire
con los cinco sentidos conjugados en pátinas de voz,
y en el silencio armónico del agua
que de reojo escuchan los residuos de tus soledades blancas en la que mi carne sin materia te consuela…
Ya, ya solo el suspiro último, para que enjugues el sollozo con el que la nada va quedando vacía: borrado el abrupto camino que retorna a los laberintos donde el amor se muere.
Issa Martínez
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