SINCERIDAD
En la bóveda de mis manos converge el amor impregnando purezas; regalándome las sonrisas de tus pupilas en los lejanos confines donde el sol se inclina sorprendido
de los prodigios de nuestras ternuras. La luna transmutó sus azogues permanentes, cuando permitió renovar sus prolongaciones en infinitudes acariciantes de rubí, condensación de nuestros besos. Cambiamos los azules persistentes de los éteres inalcanzables, acercándolos a los mortales, impregnándoles de nuestros aromas a piélagos profundos y azulándoles en nuevos matices perpetuos. Reverbera mi mundo al escucharte decir:
-Dime que siempre me amarás.
Hurgando en lo profundo, en lo más diáfano de mi interior escucho mi propio eco:
-Te amaré hasta el último de mis días.
Surge mi respuesta bifurcada hacia tus sienes y pulso,
te
envuelves en ella a ciegas porque sabes que la verdad florece en mi regazo.
Issa Martínez
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