
He sobornado al tiempo de las
caléndulas
y de los mirlos
para tenerte en los ojos
como un calor de invierno:
sé
que las horas crucifican el espacio
azul
amontonando promesas invictas,
palomas sin alas,
vientos sin aire...
Guardarropías de máscaras burlonas
que danzan traviesas en las
incertidumbres
de la voz silente:
tormentas
que se evaporan en las calimas de la
noche
cuando el sueño se torna mustio
entre los pliegues del corazón
baldío
de la distancia.
Sobornaré con risa y dolor
el silencio estéril
que nos condena al maleficio de los
cobardes.
Luis E. Prieto (España)