TARDES DEL SUR

 

Aquellas tardes del sur,

crepúsculos agonizantes en donde el amor preñaba

suspiros de noches vírgenes:

inéditas caricias que fueron augurios

mucho antes de morir.

 

Vaticinaba el mar

vida y muerte de las palabras en las manos,

en la promesa de las palmas sensiblemente abiertas:

llanto o lluvia de torcazas desleídas sobre la carne,

sobre la sombra y sobre el agualuz florecido en los ojos.

 

Porque las manos fueron útero y tumba

de ternuras palpables, principio y conclusión

de elegías amamantadas de añoranzas y rebeldías:

en el sendero último nos transitamos pájaros -alondra y mirlo-

con versos alejandrinos inversos en melancólicas nubes

que concibieron  melodías de gargantas quebradas en gris.

 

Fuimos copulativas de oraciones sin sujeto,

solo verbo, predicados inmolados en la intrusión de otras voces;

y renacimos de auroras suicidadas en relojes sin agujas,

en la infinitud acompasada de las brasas entre lumbres

con la que postergan el epílogo de su deserción o muerte.

 

Qué más da si nuestro SIEMPRE habita entre techos y muros

de travesaños derrumbados por la senectud con la que el tiempo concluye:

ya fuimos tiempo, y memoria de la piel, y células fagocitadas entre inciensos de almizcle;

y sin embargo, el adiós que solo quiso pronunciar el silencio,

es la nostalgia con la que el latido de mi sangre te busca por instinto.

 

Aquellas tardes del sur

 

                   aquella bondad de los vientos

 

                                  aquel ruiseñor redimido del maleficio de la rosa…

 

 

Issa Martínez

 

Volver a Poemas 2007

Volver a Index