Por ser
hijo del viento
no
detienes tu camino
a pesar
del aullido de la noche,
del
amor, del trino,
de la
soledad luciérnaga
y del
tiempo.
Por
orfandad de albas,
mina,
incienso, motivas
del
andar ninguna estancia
y no
quieres ser lucero, agua,
nieve,
silencioso torrente, catarata.
Por no
ser quien amanezca en mi mesa
hoy
rubricas un adiós de despedida.
Elisabet Cincotta (Argentina)
derechos de autor reservados