UNA DESPISTADA EN MADRID O ¡DEMONIOS!...USA LAS GAFAS

 

 

Tenía que dejar el hotel en el que me hospedaba a las 12:00 del día, mi preocupación era ¿qué hacer con las maletas si mi vuelo salía hasta las 9:00 de la noche? Tomando en cuenta que el hotel estaba situado en las afueras de Madrid, me resultaba complicado dejarlas en la recepción del mismo y regresar después por ellas, por lo que hablé con Luis Alfredo para pedirle como un favor muy especial, que tuviera mis maletas excesivamente pesadas -por cierto- en su casa. Quienes tienen el placer de conocer a nuestro querido Luis A., sabrán que desde luego, de la manera más amable posible, aceptó guardar mi equipaje. Así que tras empacar, tomar un baño, desayunar y escribir algún poema, dieron las 12:00. Abordé el taxi que me llevaría a la casa de Luis A., él, -como el caballero que es- bajó para ayudarme con las famosas maletas. Tras dejarlas en su cálido hogar, fumarnos un par de cigarrillos y sostener una agradabilísima charla, salimos a dar un pequeño paseo. Bebimos una cerveza y "picamos" una "tapita" en un bar, mientras la charla continuaba. Ni que decirles que Luis es un conversador excelente y, el estar en su compañía, infinitamente agradable.

Pues bien, algo apenado por tener algunas cosas personales que realizar, -ya antes me lo había comunicado-, me dejó paseando por Madrid mientras realizaba sus diligencias. Dejándolo en la "boca del metro" Ópera, disfruté del frío y los escaparates de Madrid, aprovechando para realizar algunas pequeñas compras. Dos horas después o tal vez un poco más, llamé a su casa –como habíamos quedado-. Él, que tenía poco de haber llegado, y yo, que me encontraba bastante cerca de su casa –sin pretenderlo- ya que mi paseo turístico, sin darme cuenta, me había situado a una escasa calle de su casa, calle cuyo nombre no recuerdo, -y ustedes disculparán- pero si hubiesen experimentado lo que algunas horas después me sucedió, lo comprenderían. Y es que en este momento, que son las 2:20 de la madrugada, estoy tratando de realizar esta crónica aún "en el ojo del huracán", -Madrid-. Pero bien, continuemos…

Decía que me encontraba en la calle esa cuyo nombre no recuerdo. Siguiendo las indicaciones de Luis A. nos encontramos una cuadra después. Yo, poco acostumbrada a un clima frío como el que en los últimos días había caracterizado a Madrid, pues estaba "ligeramente helada", y digo ligeramente, pues prácticamente ya no sentía el frío, -tal vez porque se me habían entumido cara y manos-. En fin, entramos a beber un par de tazas de café y a fumar unos "muchos" cigarrillos hasta que llegó la hora de ir por el equipaje. Momentos antes de llegar a la cafetería le decía a Luis que mi hermano me había pedido que le llevara una camiseta del "Real Madrid". Como imaginarán, mi queridísimo Luis se encargó de que no me olvidara de ello y, personalmente, me llevó a la tienda en donde se encuentran un sin fin de artículos relacionados con tan memorable equipo futbolístico. Salimos con la dichosa camiseta "número 23, Bek… no sé que", y bien podría poner el nombre correcto, pues tengo la bolsa con la camiseta a un lado, pero estoy tan entretenida escribiendo y, a decir verdad, muy cansada como para intentar abrir la bolsa y comprobar el nombre de quien caracteriza a tan famoso futbolista, así que prefiero seguir escribiendo. Pues sigo, recogimos las maletas continuando con su deliciosa hospitalidad -me refiero a Luis A. -desde luego. Abordé el taxi que me llevaría al aeropuerto de Barajas, no sin antes despedirme y agradecer a Luis, su enorme detalle de haberme dedicado tantas horas de este inolvidable 30 de marzo de 2004.

Gratísimos recuerdos me acompañaron en mi trayecto a Barajas. Dulces y bellos todos. Pero al llegar a mi destino la suerte empezó a cambiar… La ventanilla de mi línea de aviación se encontraba cerrada. Desde luego que me extrañó, pero bueno, alguna explicación razonable habría… Casi por instinto mi mirada encontró un letrero pegado a un costado
de la ventanilla, desde luego me acerqué a mirarlo. Repentinamente, y tras haber releído la hoja varias veces, mi subconsciente se negaba a entender. Y es que no era para menos: frío, nausea, malestar estomacal y la mente estática, fueron mis primeros síntomas.

¿Adivinan que fue lo que pasó? Pues sí, ¡había perdido el vuelo!

¿Por qué? Pues bien, mi boleto de avión según yo decía: 210p, no puedo entender aún en que demonios pensaba cuando desde México había salido con la idea de que mi regreso era el 30 de marzo a las 21:00 horas -o sea, (nueve de la noche), según yo…-

Tal vez mi excitación por viajar a Madrid me jugó una mala pasada, quizá debí ponerme los anteojos para leer…, pero que más daba, el mal estaba hecho y tenía que ver que carajos hacía.

¿Cómo se piensa con coherencia cuando la nausea hace presa de nuestro organismo?

Decir que tenía ganas de gritar, llorar y hacer una pataleta de niñita de cinco años, es poco. Agradezco infinitamente que nadie me hablara en aquel momento, pues seguro le habría insultado.
Piensa, respira hondo, piensa… ¡Qué piensa ni que respira! ¡Joder! – Y tú me perdonarás Luis Alfredo-. Bien sé que las damas no dicen palabrotas, pero ¡por todos los cielos! En realidad me encontraba P A R A L I Z A D A, y la nausea, esa sensación de repentinamente sentirse enferma, cada vez se encontraba más cerca de mi garganta.

La palabra “estúpida”, fue el calificativo más amigable para mí misma. A medida que me tranquilizaba -nunca había comprobado tener semejante autocontrol-, pensaba… respiraba y aclaraba ideas. Lo primero era llamar a México, comunicarles la grandiosa noticia y esperar los comentarios. Eso hice, y bueno, ya imaginarán…, pero los hechos son los hechos y no se pueden cambiar, así que quedé de llamar más tarde mientras mi familia hacía los arreglos necesarios con la aerolínea, y bueno, es que en todo el condenado aeropuerto no había nadie de "Aeroméxico" hasta el día siguiente.

Deambulé por el aeropuerto aproximadamente seis horas y media. Todos los acontecimientos de los últimos días pasaron por mi mente, pero cuando la realidad me obligaba a "aterrizar", el malestar de sentirme enferma regresaba una y otra vez a mí. Esperé a que dieran las dos menos veinte, hora de Madrid, llamé a casa y me comunicaron que el trámite estaba listo, que tenía mi reserva para el siguiente vuelo, desde luego con su respectivo cargo.

Un poco más tranquila, busqué un sitio donde pudiera seguir fumando, ya era demasiado tarde para pretender conseguir un cuarto de hotel para esa noche, quedaba muy poca gente en el aeropuerto y no me animé a hacerlo.

Por fortuna encontré una cafetería abierta toda la noche. Pedí un café y saqué la carpeta en la que tenía algunos documentos entre los que estaba el discurso "Sensibilidades desde América". Lo releí recordando la inmensa alegría y nervios de aquella tarde en el Palacio Longoria -tengo ahora mismo las gafas puestas-, mi mirada se encuentra con un par de billetes de mi viaje a Sevilla. Puedo decirles que los miraba sin ver mientras La Giralda, La Plaza de España y La Catedral venían a mi memoria. Me sorprende con que facilidad puede alguien evadirse de la realidad cuando se pasa por algún trance.

Aún no recuerdo el momento preciso, pero como por arte de magia, mis ojos se posaron en la leyenda IDA/VUELTA… ¡Tuuut, tuuut, tuuuut! Una alarma empezó a sonar en mi cabeza y, una vez más, releí la leyenda del billete. Sí, estaba claro, clarísimo diría yo. Pero bueno ya que importaba, al parecer la estúpida manía de no colocarme las gafas había tenido otra
consecuencia. Nunca hasta ese momento, me percaté que el billete servía para viajar de ida y vuelta por el mismo precio, así que bien podría ir a Sevilla una vez más y regresar a Madrid si me apetecía.

Una sonrisa se dibujó en mis labios mientras mi mano izquierda tapaba mis ojos, al mismo tiempo que mi cabeza se recargaba en ella, y bueno, que quieren, en México se compra un billete para ir y otro para volver, pero la lección ha sido verdaderamente grande…"usa las gafas siempre".

Ahora son las 3:35 de la madrugada -en Madrid-, menos mal que llevaba las gafas el día de la Presentación de la V Antología ¿Se imaginan si no?

Vamos, no es que no vea sin ellas, pero como han notado ya, suelo leer demasiado superficial sin ellas… No es disculpa, pero juro que esa "p" después de "210p" lo vi tan claro como un "cero".
Así que como verás mi querido Luis Alfredo y querido foro, hasta la dama más dama tiene todo el derecho a decir ¡JODER! Cuando ha cometido semejantes barbaridades. Miren que perder un vuelo y tirar prácticamente 65 euros…

De acuerdo, no lo escribo más, pero de que retumba en mi cabeza… ¡Retumba! Y más cuando al terminar de escribir esta crónica, aún restan diez horas y cuarenta y cinco minutos para que salga mi vuelo ¡Jo…!

(Antes de partir)

Lenta, lenta noche que se alarga como ninguna otra. Las cuatro…las cinco… Me parecía que las horas se habían acrecentado a ciento veinte minutos. Paulatinamente, el aeropuerto de Barajas empezó a cobrar vida desde el explicable silencio de la madrugada. Las seis, las siete y el recinto volvió al ajetreo con el que me recibiera la tarde-noche anterior. Fue a esa hora, cuando me venció el cansancio y dormité un poco, tal vez dos horas. Cuando la luz del día abrió el cielo me acerqué nuevamente a la ventanilla de la aerolínea. Ya funcionaba para mi fortuna, ¿he dicho fortuna…? Pues no, no fue así. Entre frases que escuchaba incompletas, la empleada de la línea aérea me indicaba que: “no es posible…que debe comprar… boleto…completo…no…el supervisor…a ver…cerca de setecientos euros…”

El cansancio, el sueño y mi mirada entrecerrada fueron mi respuesta, acompañado todo por un suspiro largo, largo, largo…

¿De donde podía conseguir esa cantidad? El cajero automático no me lo permitiría, pues superaba el monto de lo que se permite sacar diariamente y además faltaba ver si alcanzaba a cubrir el total solicitado. Una mentira en exceso piadosa acudió a mis labios:

-Señorita, he perdido el vuelo, ha sido porque extravié el pasaporte. Me percaté de ello, cuando me disponía a desocupar la habitación el día de ayer. Tuve que recorrer todo el centro de
Madrid, recordar los lugares en lo que había estado, para finalmente encontrarlo en una tienda de souvenirs…etc, etc, etc.- Mi rostro fastidiado, cansado y el dolor agudo causado por mi "colitis crónico-nerviosa" debieron ayudar un poco.  Fueron tal vez, las horas más lentas de toda mi vida. Finalmente sólo tuve que pagar un cargo muchísimo más sensato.

Ya tenía el boleto en mis manos, una larga fila para documentar el equipaje me esperaba, abrí mi bolso y saqué un par de píldoras para mis ya conocidos malestares. Las tragué con unos cuantos tragos de coca-cola, llevaba una lata entre las muchas cosas que viven en mi bolso de mano. Rogué porque no "resultara peor el remedio que la medicina", pero en esos momentos, el agua quedaba fuera de mi alcance.  

Ahora estoy ya en la sala para abordar, terminando esta crónica que desde la noche anterior creí finalizada. A lo lejos, algunas construcciones madrileñas cercanas a Barajas parecen estar despidiéndose de mí y, por el momento, yo lo hago de ustedes. Casi estoy lista para partir, a escasa media hora de lo que ahora sí, parece inevitable.

Hasta pronto.

 

Issa Martínez

30/03/04
31/03/04
01/04/04

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